Podemos clasificar las etapas de la depresión en 4 fases establecidas por orden cronológico de aparición. De ellas hablaremos en este artículo.

Primera etapa: el origen de la depresión

El origen de la depresión puede ser ocasionado por una serie de cambios vitales. Estos pueden ser una enfermedad, separación, muerte de un ser querido, despido, problemas familiares, conflictos interpersonales, etc.

No existe un momento clave estándar para determinar el origen, sino que depende de la percepción de la persona. También depende de que la persona interprete el cambio como una pérdida a la que no puede adaptarse o enfrentarse. Este cambio en el ambiente se denomina pérdida de reforzadores y coincidiría con el origen de la depresión.

No todos los acontecimientos desagradables que nos generan malestar o tristeza originan una depresión. La tristeza es una emoción básica que cumple una función biológica concreta. Esta función implica disminuir la energía para planificar cómo la persona puede enfrentarse a esta pérdida.

Cuando esta tristeza se prolonga en el tiempo, se concatenan una serie de cambios emocionales, cognitivos y conductuales. Estos,  a su vez, originan modificaciones en el funcionamiento bioquímico del sistema nervioso central: El cerebro segrega menos neurotransmisores y facilita que la depresión se instale.

En cuanto a la pérdida de reforzadores, se pueden distinguir los siguientes:

Gran estresor o pérdida de reforzadores positivos

Suceden cuando nos enfrentamos a la pérdida drástica de un reforzador muy potente. Por ejemplo, enfermedad grave propia, enfermedad o muerte de un ser querido, divorcio, despido, etc

Acumulación de pequeñas pérdidas o pequeños estresores

Suceden cuando varios ámbitos de la persona se ven afectados a la vez; por ejemplo, problemas laborales, dificultades en la relación de pareja , discusiones familiares, etc. Si esta sucesión de hechos se prolongan en el tiempo, un pequeño suceso sin demasiada importancia podría hacer que la persona se desbordara y se originara la depresión

Aumento de la aversividad

Sucede cuando la persona, a pesar de experimentar situaciones positivas, estas se ven invalidadas por las negativas. Las personas  aquí son incapaces de disfrutar y experimentar placer con cosas con las que antes si lo hacían.

Ruptura de cadenas conductuales

Este inicio de la depresión se produce cuando una persona experimenta uno o varios cambios en su vida. Esto implica también varias pérdidas. (cambio de horario, menos tiempo para invertir en la familia y/o amigos, tener que asumir una mayor responsabilidad, etc).

Pérdida simbólica

A veces, el evento negativo sucede al ser testigo de una experiencia desagradable. Esta pérdida en segunda persona, hace que la persona se replantee su vida y piense acerca de qué es lo que ha hecho en el mundo, si ha conseguido sus objetivos, etc. Esto hace que la persona no se sienta satisfecha y pueda comenzar a deprimirse.

Segunda etapa: instauración de la depresión

Al experimentar cualquiera de estas pérdidas de reforzadores, la persona siente tristeza y cuando ésta se prolonga y perdura, la persona siente que no es capaz de hacer frente a la nueva situación y comienza a deprimirse al producirse un gran impacto psicológico.

Este malestar emocional provoca síntomas cognitivos (pensamientos automáticos negativos) y emocionales (emociones negativas y sensaciones físicas desagradables)

Como consecuencia de ello, la persona comienza a desarrollar síntomas conductuales como la inhibición (cada vez tiene menos ganas de hacer cosas). Todo ello da lugar también a la apatía y la falta de motivación, que se producen en la siguiente etapa.

Tercera etapa: Inhibición conductual de actividades agradables

Es usual que la persona que tiene de forma persistente pensamientos negativos y estado de ánimo bajo no tenga predisposición a hacer cosas.

Las primeras cosas que se dejan de hacer son las actividades de ocio placenteras que realizamos de forma voluntaria para disfrutar. (salir con amigos, deporte, leer, escuchar música, etc.)

Cuando surge la posibilidad de realizar una actividad agradable, los pensamientos automáticos negativos de una persona con depresión serán del tipo “no me apetece”, “no quiero que me pregunten”, etc. Estos pensamientos generan malestar, y finalmente pesan en la balanza y la persona decide quedarse en casa. A corto plazo, esta evitación genera alivio, ya que la persona ha logrado escaparse momentáneamente de la situación que le genera malestar, pero a largo plazo genera una pérdida de reforzadores que se añaden a los iniciales. Así se cierra el círculo de la depresión.

En esta etapa la persona aún sigue realizando las actividades obligatorias.

Cuarta etapa: inhibición conductual de actividades obligatorias

Sucede cuando la persona alcanza un en el que se ve incapaz de llevar a cabo las actividades obligatorias como por ejemplo trabajar, ocuparse de su familia, realizar las tareas domésticas y las tareas de autocuidado como asearse. Es la etapa más grave de la depresión y para llegar a ella se tiene que haber pasado necesariamente por las tres etapas anteriores.

Si sufres depresión o te identificas en alguna de las fases que hemos descrito anteriormente es que quizás deberías solicitar ayuda de un profesional de la salud mental. En Psicólogos Depresión Málaga contamos con psicólogos especialistas en trastornos del Estado de Ánimo con una dilatada experiencia en el tratamiento a personas con Depresión, distimia, ciclotima, trastorno bipolar, etc. Tras un tiempo realizando terapia la persona comienza a recuperar poco a poco la normalidad de su vida cotidiana.

Maria José Polo Carrillo

Psicóloga colaboradora de Psicólogos Depresión Málaga